Tras Jeronimo está el belga -originario de Lieja- Jérôme Mardaga, un simpático y accesible tipo que pude ver en directo hace años en la sala El Sol de Madrid y que tras el concierto pude charlar un rato con él. Me gustaron mucho sus canciones, su directo y su actitud. La verdad es que le perdí la pista después de esto y sólo me queda de aquello este disco firmado por él del que hablo aquí. El peso de la creación recae sobre él, además de la voz, guitarras, bajo y programaciones aunque le ayudan también Sacha Symon al bajo y Thomas Jungblut a la batería.
“Un monde sans moi” es un disco redondo lleno de guitarras afiladas, algún teclado, bases muy acertadas además de rock, romanticismo pop, chanson e ironía finamente hilada. Esta colección de 12 canciones fueron realizadas casi por completo en el estudio casero del propio Jérôme. También la producción corre de su cargo aunque ayudado por el ingeniero de sonido Rudy Coclet, dándole el barniz final en un estudio de Bruselas. Una producción muy acertada: cristalina para los instrumentos y algo más turbia y metálica para la voz. Este es otro estupendo disco del catálogo de Green Ufos, que se encargó de la distribución del mismo en España, aunque el sello bajo el que se publicó fue Anorak Supersport.
Lhasa de Sela fue un alma especial y fascinante nacida cerca de Woodstock (Nueva York) y criada de forma errante en un autobús, lo que fomentó su espíritu artístico. Su familia fue tan particular como ella: su padre escritor mexicano y su madre fotógrafa judía americana, además de una prole numerosa de hermanos. Lhasa es el nombre de la capital del Tibet. Con 19 años Lhasa se estableció en Montreal, Canadá. Antes de debutar en solitario con un disco en 1997, mostró su voz durante años en bares junto con el guitarrista Yves Desrosiers. Colaboró alguna vez aportando su voz con Tindersticks y sus canciones se han usado en producciones de TV, cine y cine documental. El primer día de 2010 su vida tocó a su fin a los 37 años por culpa de un cáncer de mama.
“The Living Road” es su segundo disco. Antes de este disco estuvo un año en Francia en el circo de sus hermanas. Fue en Marsella donde comenzó a escribirlo. En este disco soplan aires latinos, también hay folk y blues, chanson y rancheras. Las letras de las canciones son en los tres idiomas que le acompañaron durante su vida: el español paterno, el inglés materno y el francés de acogida cuando se estableció en Canadá. Su dicción es sorprendentemente natural en los tres idiomas. De voz suave y profunda y también triste y grave a la vez que etérea, su manera sobrecogedora de interpretar hace que las canciones de este disco apunten certeras al alma, con una sencillez que te desarman. El percusionista Françoise Lalonde y el pianista Jean Massicotte le ayudaron en los arreglos y la producción de este disco. Un disco de composiciones apasionadas y desconcertantes con mucha carga sentimental para saborearlo en casa, con toda la atención puesta en ello y la emoción brotando por todos los poros de la piel. Ojalá hubiera tenido la oportunidad de ver alguno de sus directos. Estoy convencido que hubiera sido una experiencia a recordar el resto de mi vida.
La semana pasada musicalmente para mí estuvo protagonizada por otro de mis grupos favoritos: Low. Tuve el placer de asistir a su conciertazo en el Teatro Central de mi ciudad. No era la primera vez que los veía en directo –he tenido la suerte de verlos unas cuantas- pero el impacto fue demoledor. Allí, entre muchos amigos y conocidos, sin gradas y cerveza en mano disfruté de una experiencia sensorial de primer orden. Probablemente el concierto del año en Sevilla. Un concierto de escucha atenta y de emociones intensas, con una precisión instrumental increíble. Público abundante y silencio reinante, con algún suspiro al finalizar alguna canción especialmente vehemente y con ovaciones a modo de agradecimiento. El resto de la semana los discos de Low (cualquiera de ellos) me han acompañado haciéndome disfrutar redescubriéndolos. Low se formaron en 1993 en Duluth, Minnesota. La columna vertebral está formada por el matrimonio mormón formado por Alan Sparhawk (guitarra y voz, y con proyecto paralelo –Retribution Gospel Choir- donde muestra con creces su lado más rockero, sobretodo en directo) y Mimi Parker (percusión y voz). Ellos dos y sus armonías vocales son la piedra angular del grupo. Sucesivos bajistas han pasado por la formación. El primero y también fundador del grupo fue Zak Sally y actualmente es Steve Garrington (también en Retribution Gospel Choir). Desde el primer disco evidenciaban poseer un universo sonoro propio y muy particular. Un universo lleno de belleza y desolación, de delicadeza y distorsión. Low son un grupo que te marca de por vida ya en la primera escucha. Buena parte de la creación de Low tiene que ver con la relación que mantienen Alan y Mimi. Su fórmula es alcanzar grandes cotas de intensidad con los mínimos elementos y dejar espacios en sus canciones para que los pueblen las emociones. En una entrevista el año pasado Alan decía: “Siempre hemos luchado por mantener esa atmósfera, ese sonido mínimo, que deje espacio para que la mente del oyente pueda conectar con el espíritu de la canción.” Low forman por derecho propio parte de la historia del rock, por renovadores y por su sonido ascético y minimalista. “The Curtain Hits The Cast” es el tercer disco de Low. Aquí ya habían refinado la fórmula y muestran un disco enorme en parte tenebroso y por otra esperanzador. Estás canciones sobre la futilidad de la vida poseen una enorme fuerza emocional a base de lentitud, espacios entre nota y nota y crescendos épicos. La percusión mínima y sutil de Mimi, las guitarras limpias de Alan y el bajo de Zak crean momentos celestiales y etéreos que hacen de la audición de este disco algo místico muy especial. Melancolía y muchos otros sentimientos te invaden mientras te envuelve esta música espiritual e inquietante en el salón de tu casa una tarde cualquiera, con inestabilidad meteorológica al otro lado del cristal y que provoca que otras muchas almas perdidas estén afligidas porque su lado espiritual más hortera no ha podido salir de procesión por la calles de la ciudad. En fin, una ciudad de contrastes esta Sevilla nuestra.
Scott Walker es un personaje huidizo y con cierto aire fantasmal, oscuro y amante de la soledad con una manera muy particular de entender la creación poética y musical. Es un crooner del lado menos amable de la vida, poseedor de una privilegiada voz. Nacido Noel Scott Engel, en Hamilton, Ohio (EE.UU.) el 9 de Enero de 1943. Su infancia fue algo itinerante debido al trabajo en la industria petrolera de su padre. Comenzó en la música como bajista de sesión en clubs de Los Angeles. Después llegaron The Walker Brothers (junto con John Maus y Gary Leeds, que nada tenían entre ellos de hermanos) y en 1965 su desembarco en Reino unido, donde saborearon el éxito y la popularidad exacerbada. Scott Walker es un enamorado de la cultura y el cine europeo. En principio él no era el encargado de aportar la voz, hasta que sí lo hizo, mostrando sus grandes dotes al micrófono. Tras la ruptura del grupo –las relaciones entre ellos no eran muy buenas- Scott Walker descubrió a Jacques Brel y le cambio completamente la perspectiva, Brel le sonaba mucho más real que cualquier cosa que él hubiera hecho antes. Grabó cuatro discos en solitario entre 1967 y 1969 –cuatro discos excepcionales todos ellos-, pero el último de ellos “Scott 4” fue un fracaso de ventas –inexplicablemente- y esto le afectó hasta el punto de dejar de escribir canciones. Grabó algún disco más en años posteriores sin material propio pero de forma rutinariamente contractual hasta que en 1978 volvió a escribir para el disco de reencuentro de The Walker Brothers. En 1984 vuelve a publicar un disco en solitario y a partir de aquí Scott Walker saca un disco por década. Sus dos últimos discos (“Tilt” y “The Drift”) son conceptuales, de difícil escucha –realmente difícil- pero evocadores de sensaciones muy intensas. En ellos plasma su visión del mundo “bellamente infernal” pero rechazando la etiqueta de nihilista. Cuando descubrí a Scott Walker se convirtió en uno de mis favoritos desde el primer momento, fue inmediato. Él es el peldaño más alto al que he logrado llegar en la música popular, creo que por encima de él sólo está la música clásica. Exquisitez auditiva, sin duda. “Scott 3” es el tercero en solitario de Scott Walker. Un disco con aires melancólicos y cargado de bello romanticismo en el que recurre a temas como el desamor, el envejecimiento y el desencanto. La voz de dios griego de Scott Walker es protagonista pero no más que los buenísimos arreglos orquestales que pueblan el disco. Unos arreglos capaces de imprimir tensión prolongando notas en el tiempo y creando unas atmósferas densas y acariciadoras del paladar auditivo. Aquí acude de nuevo al cancionero de Jacques Brel, referente fundamental en su viraje musical como solista. La edición en vinilo es desplegable, poblada en su interior de fotos en color sepia enmarcadas ovalmente y presididas por una del propio Scott Walker sonriente y con su dedo índice hacía arriba en primer término. La portada es de las mejores que he visto –sino la mejor-, con un enorme ojo de maquilladas pestañas en el que aparece un Scott Walker distante y pensativo al otro lado de la pupila. En la contraportada un texto de Keith Altham. Un disco para escuchar tranquilamente, con todos los sentidos puestos en la escucha y deleitarse así con esta obra inmortal con una carga emocional indeleble al paso del tiempo donde hay lugar para la belleza y para la turbación. Dedicado mi amigo Pitufo, que me ha regalado por mi cumpleaños este precioso disco en vinilo, engrandeciendo mi colección con este clásico imprescindible que es otro de mis discos favoritos.
Love fueron un quinteto californiano de Los Angeles. Su formación sufrió cambios constantes hasta su disolución. La columna vertebral del grupo la formaban Arthur Lee (voz, guitarra, teclados, armónica y batería), Brian Maclean (guitarra y voz) y Johnny Echols (guitarra). El bajo paso por manos de Johnny Fleeckenstein -que abandonó al poco- y por las de Ken Forssi. A la batería estuvieron en principio Don Conka y Alan Pfisterer y después Michael Stuart. Love fueron una banda multirracial cuando esto era algo muy poco común en un país en el que la discriminación por cuestiones de raza era patente. Liderados por Arthur Lee –un tipo de compleja personalidad y de carácter poco afable- el reconocimiento no les llegó hasta la disolución del grupo. A ello contribuyó las reticencias de Lee a salir de gira y sus problemas de agorafobia social. Estos chicos eran poco ambiciosos, muy entretenidos siempre en desordenar sus sentidos con multitud de psicotrópicos. A día de hoy aún son unos desconocidos para mucha gente. De hecho últimamente he descubierto que algunos de mis amigos a los que les apasiona la música desconocían su existencia. Pues bien, Love son unos clásicos grandiosos a los que siempre se puede volver porque no defraudan. Y envidio a los que los descubren por primera vez porque la sorpresa es mayúscula. Ellos poseían un sonido y unas maneras que nada tenían que ver con sus contemporáneos.
“Forever Changes” es uno de mis discos muy, muy favoritos. Un clásico incontestable en el que cada escucha conlleva algún nuevo descubrimiento en forma de matices o sensaciones. Un disco de rock, de psicodelia, de soul y de reminiscencias étnicas latinas. Las letras están influenciadas por la firme creencia de Arthur Lee de que iba a morir de manera inminente (finalmente esto ocurrió debido a la leucemia en 2006). Fue su tercer disco y la grabación fue accidentada. Neil Young –que iba a realizar labores de coproductor- finalmente se apartó del proyecto. La banda era un desastre que no se tomaba en serio los ensayos. De hecho en las primeras sesiones el otro productor Bruce Botnick contrató a músicos de estudio para suplirles, intentando con esto hacerles reaccionar. Arthur Lee también se puso a los mandos de la producción por primera vez –y siempre ha dicho que fue él el responsable de la producción y de los arreglos-. En los créditos del disco aparece David Angel como arreglista. No fue para nada un disco exitoso en la época de su publicación. El sonido de la grabación es algo turbio, aportando una característica de mucho peso al resultado final. Este es un álbum de raíces acústicas enriquecido con unos preciosos arreglos orquestales que hacen del conjunto algo único, una joya de muchos quilates que cualquier oído, incluso sin ninguna educación previa, es capaz de apreciar. Las melodías y las muchas conversaciones entre instrumentos, los cambios de ritmo rompedores, las atmósferas cambiantes, la armonía y el sosiego por un lado y por otro la actitud frenética y los juegos con las percepciones incluidos en él hacen que ames a este disco desde la primera escucha. Toda una obra de arte, una obra maestra, un disco de culto y una importante influencia para otros músicos incluso a día de hoy.
Este es un disco que vuelvo a escuchar mucho y con el que me he cruzado en sitios dispares últimamente. Me lo he encontrado rebuscando discos en una feria del disco, sonando en un bar que frecuento y también curioseando entre la colección de discos de una buena anfitriona. Discazo dedicado a mí mismo y a mi padre, que cumplimos años hoy.
A Certain Ratio son una banda mancuniana formada en 1977 y
se puede decir que aún activos a día de hoy (su último disco lo publicaron en
2009). Durante todos estos años la formación ha sufrido cambios pero en
principio eran Simon Topping (voz y trompeta), Martin Moscrop (guitarra y
trompeta), Jeremy Kerr (bajo) y Peter Terrel (guitarra y ruidos). Poco después
se uniría Donald Johnson (batería). Fueron compañeros de sello de Joy Division
y compartieron con ellos la anarquía que reinaba en Factory Records. Debido a
su gusto por la estética militar fueron tildados de nazis pero esta etiqueta la
echaba por tierra el tener un batería negro. En conjunto estaban poco dotados
instrumentalmente, compartían gusto por el funk y poseían una particular
inquietud por el ritmo. El nombre del grupo viene de una canción de Brian Eno.
Fueron teloneros de Talking Heads y Madonna fue telonera en un concierto de
ellos en Nueva York.
“To each…” es su disco de debut. Este no es un disco de
escucha fácil debido a la ausencia de melodías. Producido por Martin Hannett
–también productor de Joy Division y creador del sonido característico de
muchos discos de Factory Records-, está lleno de guitarras chirriantes, ruidos
y sobre todo ritmo. Las melodías son volátiles, no tienen apenas peso. La
ambientación africana es evidente en partes del disco. Martha Tilson aporta voces, más tarde se
uniría al grupo. Este es un disco atonal de sonido metálico y seco, pelín dificultoso
pero muy interesante. Una recomendable experiencia rítmica, más disfrutable con
los sentidos algo desordenados. Eso sí, la portada regulera tirando a
horrorosa.
Bowery Electric lo forman el guitarrista Lawrence Chandler y la bajista y vocalista Martha Schwendener. Este dúo neoyorquino comenzó su andadura musical a principios de los 90. Juntos dan forma a particulares composiciones donde melodías y bases confieren al conjunto un poderoso efecto hipnótico. Su música podría etiquetarse como trip-hop pero esta etiqueta se quedaría corta pues también usan elementos del shoegaze, del dream-pop además del ambient y el drone. “Beat” es su segundo disco. Un disco de tempo lento y de muros de sonido creados a partir de samplers, sintetizadores y guitarras. Todo acompañado por la distante y dulce voz de Martha Schwendener y a veces la de Lawrence Chandler. En él las repetitivas líneas de bajo y las bases electrónicas y acústicas forman la columna vertebral de las canciones. A la primera escucha puede parecer un disco monocorde, lineal y monótono pero una vez dentro los matices son abundantes. Este es un disco de electrónica de salón lleno de atmósferas envolventes y de paisajes urbanos. Un disco fantástico para escuchar con cascos mientras recorres la ciudad pedaleando.
La semana pasada, al volante, volviendo de un concierto en
busca de un bar, Radio3 me regaló los oídos con dos canciones seguidas muy
particulares que reconocí al instante y dije: “Coño, las Vainica Doble, que
bonito”. Y me hubiera gustado que el bar estuviera más lejano y tener algún cd
de ellas en el coche. Esta semana las he vuelto a recuperar, hacía tiempo que
no le quitaba el polvo a algún disco de ellas. Y desde entonces el disco del
que hablo en esta entrada me sirve de agradable compañía en casa.
Vainica Doble es una interesante anomalía dentro del pop
español. Fueron un dúo único con un universo propio formado por dos chicas de
personalidades diferentes –una comedida y tímida y la otra pasional- que
supieron encajar teniendo como punto de partida la cultura musical y el punto
de vista ante la vida y el arte que ambas tenían en común. Ellas eran Carmen
Santoja, madrileña, y Gloria Van Aerssen, sevillana de Dos Hermanas pero con
ascendencia aristócrata holandesa. Ambas nacieron en 1934. Se conocieron en la
Ciudad Universitaria de Madrid. Carmen estudio 5 años de piano en el
conservatorio y Gloria hizo Bellas Artes. En 1966 empezaron a fabricar con
dulzura y artesanía canciones ya con la treintena a cuestas, Gloria casada y
con hijos y a Carmen le había dado tiempo de vivir en París y había conseguido
trabajar en teatro y cine. Su primer disco (homónimo) se publicó en 1971. Antes
y después Vainica Doble hicieron muchos trabajos para televisión y cine en
forma de sintonías y bandas sonoras. En años en los que la militancia en
cualquier organización era la norma, ellas reivindicaban su propio espacio, sin
posicionarse políticamente ni de ningún otro modo. Su música siempre tuvo una
conexión rock pero ellas mezclaban con naturalidad estilos y sonidos además de
sus voces. Sus inspiradas letras se sitúan entre el juego infantil, la ironía
con inteligencia, el cuento, la sensibilidad y la observación de detalles
cotidianos. El tipo de sentido del humor y la intención didáctica de las letras
no fue bien vista por la censura de la época en sus inicios. Reacias a actuar
en directo y a sufrir presiones por parte de los sellos discográficos, nunca
saborearon el éxito y la popularidad. Se quedaron en un tesoro personal de cada
uno de sus fans. Siguieron publicando discos aunque con paréntesis temporales
amplios. Carmen también escribió letras para otros y cuentos infantiles y
Gloria continuó pintando. El fin de este irrepetible dúo llegó con la muerte de
Carmen mientras mezclaban el que ha sido su disco póstumo: “En familia”, en el
año 2000. Su influencia y la influencia de su legado en multitud de grupos es
patente.
“Contracorriente”
es su tercer disco. Un disco progresivo donde el ambiente rock es evidente y
por el que se pasean las voces de ambas, una melódica y clara y la otra borrosa
y firme. Los toques instrumentales exóticos abundan y enriquecen las canciones
que como siempre están protagonizadas por unas letras buenísimas, con toque
naif marca de la casa. Este es un disco que para disfrutarlo es necesario
entrar primero en él. Franquear la entrada no es costoso. Una vez dentro podrás
saborear de nuevo sensaciones y recuerdos de la infancia, de tus vivencias
personales pero también las historias que se desarrollan en las canciones te
provocaran nostalgia de cosas y lugares que no te pertenecen. Una auténtica joya.
-->Steve Reich es un neoyorquino nacido en 1936. Es un
compositor de los clásicos, de los que escriben partituras y con libretas de
anotaciones de las que tienen pentagramas. Un músico “serio” con formación
académica, a la vanguardia de la música clásica. Uno de los primeros que
hicieron suya la etiqueta minimalismo incluso antes de que esta se acuñase. Un
artista rompedor, experimentador y atrevido. Para ello se valía de patrones
rítmicos repetitivos. Su aspiración se centraba en las personas y en que estas
no se marcharan a mitad de una pieza. El reconocimiento le llegó tardío.
Incluso ganó un Grammy en 1988.
Para componer “Music For 18 Musicians” Reich necesitó 3
años. Es una obra enorme con un poderoso poder magnético. Una vorágine rítmica
con multitud de melodías entrando y saliendo a la vez, creando loops,
prolongando la tensión y dando forma a unas atmósferas vibrantes y envolventes.
Minimalismo sinfónico que tiende puentes directamente a la psique del oyente.
La medida rítmica que utilizó fue el intervalo de la respiración humana. Este
es un disco para degustarlo de principio a fin, con volumen y en la intimidad.
Toda una experiencia sonora de poco más de 66 minutos. Un disco orgánico lleno
de sensaciones. La publicación en vinilo no fue hasta 2 años después de su
estreno en un teatro de Nueva York. Deutsche Gramophon –sello que ya había
editado obras de Steve Reich- no quiso incluirlo en su catálogo de música
clásica y fue otro sello, ECM, quién se atrevió a publicarlo. Una crítica de
este disco publicada por cierta revista se refiere a este así: “La música de
Reich acorta la distancia con su público porque su fin era crear un espacio
donde las sensaciones dominaran a las percepciones sin dejar lugar al
análisis.”
Esta semana he estado en un concierto de la
Orquesta Sinfónica de la Universidad de Sevilla junto con alumnos del
Conservatorio Manuel Castillo, también de Sevilla, en un auditorio de una escuela universitaria. En el
programa había dos piezas de Steve Reich -motivo por el que cogí el coche y me
crucé la ciudad- interpretadas con cerca de una docena de instrumentos de
viento, sonando todos a la vez, cada uno por un camino pero todos acordes,
formando bucles de melodías que disparaban la emoción, a lo que ayudaba mucho
las vibraciones que te llegaban de los instrumentos más graves. Un muy buen
plan para un martes por la noche.
Piano Magic se formaron en Londres allá por 1996.
Cultivadores del romanticismo y creadores de bellos paisajes sonoros, son otro
de mis grupos favoritos. En Piano Magic los continuos cambios de formación han
sido una constante en su trayectoria pero siempre con la figura de Glen Johnson
capitaneándolos. Incluso el sevillano Miguel Marín formó parte de ellos hasta
que abandonó la nave para centrarse en Árbol, su proyecto personal. Con una
carrera muy prolífica, Piano Magic han publicado sus trabajos, ya en formato
LP, EP o Single –numerosos estos dos últimos-, en multitud de sellos.
“The
Trobled Sleep Of Piano Magic” es su 7º disco. En este disco es donde las
guitarras se volvieron protagonistas en la música de Piano Magic y esta se
volvió más melódica. Fue grabado la mayor parte en The Fortress Studio en
Londres, pagado por el propio grupo, y publicado por sus amigos de Green Ufos. La
formación estaba compuesta por Glen Johnson (guitarras, teclados, programaciones
y voz masculina), Angèle David-Guillou (voz femenina), Franck Alba (guitarras),
Alasdair Steer (bajo), James Topham (viola y teclados) y Jerome Tcherneyan
(batería, percusiones, teclados y programaciones). Las canciones suenan
extrañamente frágiles aunque algunas terminan convirtiéndose en vigorosas y
contundentes. Diez canciones de poso trágico llenas de melodías barrocas,
recovecos y brumas. Belleza y desolación de la mano para crear tensión
ambiental. Y unas letras que son pura poesía. Un disco evocador y melódico
lleno de guitarrazos para disfrutar con la concentración debida en la intimidad
de las paredes de tu casa. Discazo.
Ver a Piano Magic en directo merece la pena.
Todos los conciertos que he podido ver de Piano Magic –muchos- han sido muy
intensos, llenos de carga emocional, incluso en macrofestivales-coñazo. Aunque
para mí donde son más disfrutables es, sin duda, en teatros.
Mobiil es un dúo francés formado por Olivier Mellano (voz,
guitarra, piano, sampler y programaciones) y Gaël Desbois (batería, sampler y
programaciones) que empezaron su andadura en 2001. Ambos han sido músicos de
escenario con ilustres de la escena francesa como Dominique A, Fraçoise Breut y
Yann Tiersen entre otros. A raíz de estas colaboraciones mercenarias ambos
empiezan a buscar su propio camino. Con este proyecto buscan la mezcla de
elementos sonoros para crear un universo propio. Para ello se valen del
noise-rock, el trip-hop, la electrónica, el jazz y la mesa de mezclas.
“Contre le centre” es su segundo disco, un disco editado por
mis paisanos de Green Ufos. Todo un laberinto de sonidos, lleno de atmósferas
sonoras con poca iluminación. Según ellos, la dinámica de todas las canciones
es abandonar la oscuridad del fondo para buscar la luz en la superficie.
Dominique A toca la guitarra en 8 de las 12 canciones que forman el disco. En
la portada aparecen 2 bañistas en una piscina de forma irregular y de rojas aguas, todo sobre un fondo negro. Este es un disco algo críptico, misterioso y
envolvente.
A estos chicos de Mobiil los pude ver en directo
en una fiesta conmemorativa del 10º aniversario de Green Ufos en la sala El Sol
de Madrid, el año de publicación de este disco. Recuerdo del concierto como
tuvieron que luchar contra la contaminación en forma de sonidos acristalados
que llegaban de la barra de la sala –contaminación típica por otra parte en la sala El Sol-.
Igualmente disfruté de aquella noche en la que fueron varios los conciertos.
Jacques Brel es indiscutiblemente uno de los grandes de la chanson, un clásico indispensable, un intérprete universal e inmortal. Nacido Jacques Romain Georges en Bruselas, Bélgica, en Abril de 1929 y fallecido en Bobigny, Francia, en Octubre de 1978 aunque enterrado en Hiva Oa, una de las Islas Marquesas en la Polinesia, donde fijó su residencia desde 1974 hasta su muerte. Jacques Brel fue intérprete, compositor y también actor y director de cine. Con 23 años dejó su hogar y su trabajo en la próspera empresa familiar y empezó a actuar en cabarets de Bruselas. Después se instaló en Paris allá por el año 1954. Abandonó los escenarios –aunque siguió grabando discos- en la cumbre de su carrera en 1967, con 38 años. Lo dejó por la sensación que tenía de repetir una y otra vez el mismo truco: “Dejo los escenarios porque estoy en el momento en que ya se empieza a engañar” dijo. Sobre el escenario Brel era un espectáculo único. Sus gestos, su dicción y sus interpretaciones tenían una carga emocional muy intensa. Sudaba, gesticulaba e incluso se le caía la baba de su gran boca. Estas interpretaciones sobre el escenario en las que se entregaba totalmente engrandecieron mucho su figura. Una figura muy respetada e influyente aún a día de hoy.
“Brel” es su epitafio. Un epitafio esperanzador con el cielo como portada. Este fue el último disco que grabó Brel. Para ello abandonó su retiro en las Islas Marquesas y se fue a Paris a grabarlo, enfermo de cáncer terminal y con un solo pulmón. Hacía de aquellas 9 años que Brel no publicaba canciones nuevas. La expectación que generó esta grabación fue enorme. Este disco también es conocido como “Les Marquises” en honor a la canción que lo cierra, inspirada en las Islas Marquesas. Este es un disco más reposado que otros suyos, con preciosos arreglos acompañando la espectacular sonoridad de su voz, única. Este es el adiós del genial belga, un adiós con la vista puesta en el cielo de la portada.
La edición original en vinilo de este disco es desplegable. En el interior hay una foto ovalada de Brel sobre fondo azul en la que aparece él con perilla y con su dedo índice sobre la boca en un gesto de pedir silencio. Recuerdo cuando encontré este disco en una tienda de segunda mano en una ciudad de la Bretaña francesa junto con otro suyo y las ganas que tenía de regresar a mi casa para escucharlo. El mejor souvenir que me pude traer de mis vacaciones por el norte de Francia aquel año. Un discazo que tiene mi edad, yo nací el año de su publicación. Un buen disco para empezar elegantemente con este belga irrepetible este recién estrenado 2012. Feliz año a tod@s...
Thalia Zedek es una gran dama del rock. Criada en Washington
D.C. aunque a finales de los 70 se trasladó para estudiar a Boston. Antes de
que el rock llegara a su vida le interesaba mucho la poesía. Según ella, prefiere
las letras que evocan más que las que afirman, los textos más simbólicos que
literales. Esta talentosa mujer, fumadora empedernida de voz desgarrada –y
también con algunos problemas de adicción en el pasado- participó en varios
proyectos antes de embarcarse junto a Chris Brokaw (ex-batería de Codeine) en
Come. Activos hasta 1999 después de esto comenzó su carrera en solitario. Con
España tiene una relación especial que data de la primera vez que giró con Come
por aquí y de la amistad que trabó de aquellas con los chicos de Manta Ray y
otros músicos de Gijón.
“Been Here And Gone” es su debut en solitario. Acompañada de
una solida banda, en este disco enorme desgrana canciones sobre el pasado,
canciones de rock crudo, rock intenso y dramático. A través de su voz rota y
arrastrada, de guitarras oscuras y musculosas, teclados y cuerdas consigue
marcar a las interpretaciones con una intensidad emocional que no deja
indiferente. Destaca una gran versión del “Dance me To The End Of Love” de
Leonard Cohen. Un disco capaz de producir cierto malestar emocional pero que
puede servir de puente tendido hacia otros lugares alejados del dolor.
A Thalia Zedek la he podido disfrutar en directo un par de
veces. Una de ellas fue hace muchos años en el Teatro Central. En esa ocasión
tocaba la guitarra con ella Nacho Vegas y esa misma noche también tocaron sobre
el mismo escenario Manta Ray. Una noche a recordar. Y la otra fue el año pasado
en el Gran Teatro de Huelva, otro conciertazo de esta señora, merecedor de
sobra de cogerse el coche rumbo a otra ciudad un día entre semana. Grande, muy
grande Thalia Zedek.
Glen Johnson es un prolíficoe inquieto músico británico dotado con una
sensibilidad especial que ya se le intuye al verlo en persona. Es el líder de
mis admirados Piano Magic pero también ha creado música exquisita con otros
proyectos suyos como Future Conditional y Textile Ranch.
“Details Not Recorded” es una colección de
pausadas canciones intimistas cargadas de romanticismo y con un atrezzo mínimo.
Este disco es el primero que firma con su nombre en su carrera de más de una
década escribiendo y publicando canciones. Este es un disco de producción
casera. Para grabarlo ha contado con la colaboración de David Sheppard
(guitarras, bajo y batería), Keiron Phelan (flauta) y Josh Hillman (violín y
viola), entre otros. Un disco precioso que suena a soledad y a frialdad
nostálgica. Compañía perfecta para pasar la tarde en casa, sin interrupciones,
sumergido en lecturas interesantes…